“Lograr, una educación inclusiva y personalizada, es algo
complejo, pero no imposible de alcanzar, como lo sugiere Odet Moliner en
su libro: Prácticas inclusivas: experiencias, proyectos y redes, para
hacerlo: “debemos recurrir a una planificación más individualizada, así
como a prácticas pedagógicas que permitan adaptarse a las características
individuales de cada alumno, con o sin dificultades de aprendizaje y también
asegurarnos que cada estudiante incluido en una clase ordinaria, reciba un
currículo y unos servicios especializados para un aprendizaje de calidad, lo
que supone intervenciones especializadas” (INEVERIY CREA, 2016)
Es por esta razón que las instituciones que quieran tomar
este reto de escuelas inclusivas tienen que prepararse y sacar de sus mentes la
limitación que puedan ver en las personas con necesidades educativas, la
diferencia la ponemos la sociedad porque no estamos preparados para poder
realizar una adaptación curricular de acuerdo a la individualidad de cada ente,
pero logrando cada día un aprendizaje sostenible e inclusivo que le permita
romper barreras y no los veamos como un trofeo, sino como seres capaces de
aportar a la sociedad desde su punto de vista.
El reto no es fácil toca luchar contra muchas barreras inclusive
con nuestros propios limitantes que nos ponemos y no dejamos que nuestra mente
sea amplia y pueda asimilar que todos somos capaces de superarnos sin importar
condición física, cognitiva, emocional y psicológica; Con una buena
intervención académica, con una calidad humana marca la diferencia.



